Esta palabra viene de China; en Japón se conoce como “Ki”, en la India como “Prana”, en Corea se llama “Him”. Pero a pesar de sus diferentes nombres, todos ellos se refieren a lo mismo, a un concepto un poco difícil de entender para la mentalidad occidental.
En este breve artículo vamos a tratar de explicar con claridad y sencillez este concepto.
Según las tradiciones orientales el Chi es la energía universal, es decir, que atraviesa y penetra todo el Universo y también nuestro cuerpo, pues él es una parte de ese Universo.
Se dice que ese Chi fluye naturalmente por nuestro cuerpo con un caudal abundante, pero que nuestros estados psíquicos y mentales traban constantemente este caudal de Chi, haciendo que tan solo fluye el justo y necesario para la vida.
Este caudal que Chi es mucho más potente de lo que pensamos y puede dar lugar a proezas que parecerían milagros para los que no conocen su poder.
Nuestras creencias, nuestros miedos, nuestros deseos personales, nuestras fantasías, nuestras frustraciones hacen que este Chi al que todos tenemos derecho se bloquee, o más bien se bloqueen las “cañerías” por las que él pasa.
Por eso los Maestros de Artes Marciales de la antigüedad le dieron tanta importancia a la formación de cuerpo como a la formación moral, es decir, a la formación de la personalidad humana; porque sabían que si la mente y las emociones no son entrenadas para poder alcanzar una armonía con el Universo, difícilmente puede fluir un Chi potente.
Actualmente en las Artes Marciales el Chi es un conocimiento casi perdido, casi un mito, por eso se entrena fundamentalmente el cuerpo y se le da poca importancia a la educación de las emociones y de la mente. Es por ello que el concepto de “Do”, “Tao” o Camino se han quedado como algo simbólico. Hoy se piensa que cuanto más se entrene el cuerpo, el guerrero se vuelve más poderoso, y eso no es completamente cierto.
Afortunadamente testimonios en el siglo XX como el Maestro Ueshiba nos demostraron lo contrario, sólo hay que leer la cantidad de anécdotas que dejaron sus discípulos y personas que fueron testigos de ello personalmente para comprender el poder del Chi.
Hoy en día se usa un “pequeño Chi” en algunas disciplinas para la medicina y el bienestar de las personas. Este Chi, siendo bueno, no es el Chi más elevado que fa el verdadero poder marcial, pues se realiza en estados de tranquilidad y puede ser alterado por cualquier contratiempo o dificultad.
El verdadero Chi marcial se obtiene de conocimientos que llevan al ser humano a lo más profundo de sí mismo, a superar las barreras de la “ilusión” de nuestra personalidad.
En las doctrinas orientales de “alta escuela” se habla de que lo que nosotros percibimos no es más que una ilusión que nosotros creemos que es real, pero que hay una realidad más radiante, más luminosa, más poderosa, que sólo se puede descubrir cuando uno atraviesa las fronteras de su propia pequeñez superficial. Para encontrar este Chi, nace falta un Maestro que sepa cómo lograrlo y un discípulo que esté dispuesto a seguirlo seriamente.
Afortunadamente, yo encontré a ese Maestro y puedo confirmar por experiencias personales que ese Chi existe. Desde entonces me dedico a cultivar ese Chi en la medida de mis fuerzas.
Para terminar quiero contar una historia real que nos cuenta el Maestro Koichi Tohei en su “Libro del Ki”. Una anciana japonesa tenía en su casa, en el primer piso todas sus pertenencias más queridas. Se declaró un incendio en su casa y ella iba a perder esas pertenencias que estaban en un baúl.
La anciana, sin pensarlo cogió ese baúl y lo sacó a la calle. Cuando llegaron los bomberos, uno de ellos intentó mover eses baúl y no pudo moverlo ni unos centímetros, pues resultó que pesaba más de 100 kilos. ¿Qué extraño poder movió a esa anciana a realizar tal hazaña sin plantearse si esto era posible o no?
Ese el poder del Chi.
Carlos Pedro Bernat
Profesor de Tai Chi Chuan
Escuela Wu S’hin
Mail: taichi5castellon@gmail.com

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